Quienes somos

Eduardo Martínez nació en Vitoria en una familia cuyos padres llevaron por bandera el emprendimiento, las buenas relaciones con los demás, el valor de la amistad, el amor por la naturaleza y disfrutar del tiempo libre viajando.

Su padre murió a los 48 años y su madre se hizo cargo del negocio familiar con gran éxito, consiguiendo sacar adelante a sus tres hijos y cuidar a su primer nieto.

Eduardo es hijo y hermano de mujeres emprendedoras y fuertes, pero a la vez con gran sensibilidad.

Tío enamorado de sus dos sobrinas y de su sobrino, al que en ocasiones llevó a vivir algunas de sus aventuras en las montañas, inculcándole así el amor por la naturaleza y el deporte.

Bati, como muchas y muchos le conocen, es un emprendedor innato, resiliente, con gran sentido del humor y practicante de varios deportes, sobre todo los que se desarrollan en la montaña.

Ha realizado más de veinte expediciones por medio mundo, descubriendo parajes y personas increíbles.

Su pasión por las montañas le ha condicionado de tal manera, a lo largo de la vida, que algunas de las empresas y proyectos que ha desarrollado nacieron de su relación con la naturaleza y el deporte.

En agosto del 2017 mientras ascendía al Monte Majuy en Colombia, sufrió su segundo infarto, aunque le dejó importantes secuelas, consiguió superar aquella difícil situación.

A día de hoy tiene muy claro que los dos infartos a los que ha sobrevivido le han dado valiosas lecciones de vida. Por ejemplo: "Lo más importante son las personas, no las cosas y que en cualquier momento la vida puede desaparecer, por lo tanto es importante cuidarse con pequeños gestos día a día y preguntarse frecuentemente qué es lo que le hace feliz, para tratar así estar siempre con el foco puesto en el aquí y el ahora".


Su compañera de vida es Yamile, una colombiana quien resume su relación con Edu como el mejor regalo que Dios le ha dado.

Ella se caracteriza por su capacidad de ser una mujer luchadora e independiente, emigró de Bogotá su tierra natal hace 18 años, por su necesidad de volar sola para seguir creciendo interiormente y buscar también un futuro mejor.

El destino le llevo a Vitoria-Gasteiz, la ciudad que le acogió desde el primer minuto, que le quitó todo y también le ha dado justo lo que necesita para ser feliz.

Con un pie en el mundo de la Arquitectura y el otro en el terreno de la Psicología, a día de hoy está convencida que la manera más hermosa de vivir es haciendo las cosas desde el corazón: "sea cual sea el trabajo que se realice, si se hace con pasión, ¡cobra sentido!".

Descubrió el apasionante mundo de la montaña y la escalada en su etapa de estudiante de Arquitectura pero ha sido gracias a Eduardo con quien más las ha disfrutado, y juntos han ascendido multitud de cumbres en diferentes países.

Convencida de que los polos opuestos no se atraen y que en donde hay confianza se debe más al respeto, considera que eso ha sido una de las claves fundamentales para llevar una relación tan bonita con Eduardo.

Se declara agradecida con Dios y la vida por todo lo aprendido, por cada día nuevo y por cada valiosa lección que le queda después de una experiencia buena o difícilmente vivida, sin olvidar la bendición de la salud, el trabajo, la familia y los amigos.

Y concluye afirmando que: "todos los días hay un motivo por el cual brinda, para que la vida entienda que eso le gusta y así le siga regalando más momentos de los que le “chiflan”: corriendo, comiendo, yendo a la montaña, compartiendo con sus personas favoritas y por supuesto con su amado Edu".


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